Año nuevo, vida nueva. O eso dicen. Yo ya lo hice una vez, y la historia se repite.
La canción no para de sonar, las luces parpadean, la única vela se apaga y una única persona baila en medio de la pista. Olvidándose de todo y de todos. Pasándoselo como nunca. Sonriendo a la vida. Olvidando cada momento del año anterior, hasta los buenos. Haciendo hueco para momentos aún mejores. Soñando distintos sueños que el año anterior.
La canción para. Otra comienza y ella sigue bailando. De repente para. Recuerda que él se creía mejor que el otro, pero al final acabó haciendo lo mismo que el otro, o tal vez peor. Acabó traicionándola, mintiéndola, engañándola y usándola. Ella acabó con su corazón roto y odiándolo, intentado odiarlo con todos sus pedacitos rotos llenos de rabia y sobretodo de dolor. Ahora ella sonríe. ¡Qué tonta, debería haber empezado antes a odiarle! Así se hubiera ahorrado el dolor y hubiera pasado directamente a la fase de no me importas.
Sigue bailando. Con un vaso en la mano, que es su combustible para seguir. Sonríe. Los demás no importan.

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